lunes, 16 de enero de 2012

El happening


Abro los ojos, me incorporo en la cama; son las diez de la mañana y hay que levantarse. Copioso desayuno de cereales y café americano, lo voy a necesitar. Hoy estoy a tope de trabajo. La Feria de Arte de Bolonia empieza dentro de un mes y le prometí a mi galerista que colgaría por lo menos diez obras nuevas.

Mi ritmo de trabajo no es bueno, y para colmo estoy atorado en un par de lienzos que no termino de afinar y me llevan por la calle de la amargura. Me pongo a trabajar sobre ellos, hago y rehago, emborrono y vuelvo a pintar encima.

Nada

Cuando por fin empiezo ver la luz, llaman por teléfono: mi ex-mujer; un barullo de palabras: dinero...firmar....no sé que. A todo digo que sí mientras pinto. Aprovecha la coyuntura y me pide que le regale otro cuadro, sí, también sí. En este momento soy capaz de darle un pulmón, para que me deje en paz. Diez minutos después, llama mi galerista: que cómo van sus cuadros, que está angustiado...

-Mal, tío, mal.

Por el tono de voz que pone, y con lo aprensivo que es, creo que la cena de anoche y el desayuno de hoy le van a durar poco tiempo en el cuerpo; así que le prometo que una semana antes de la feria tendrá diez flamantes obras para su stand.

Me obliga a jurárselo por mis hijos y, además, de propina también lo hago por la Santa Madre Iglesia, y el padrecito Stalin .

En este punto he vuelto a perder el hilo del trabajo y me estoy empezando a encabronar. Suena la puerta. Mi vecina de abajo que tiene humedades en el water, ¡Pero si aún esta viva! El conjuro que le hicimos hace una semana no ha surtido efecto. Me invita a bajar a su casa mientras tomo la resolución de mangarle algo mas personal para la muñeca de vudú.

Entro en el baño, me señala las manchas. Parece mentira, que con su edad y esas cataratas consiga ver unos salpicones que habrá hecho la persona que le limpia. No discuto, le prometo que llamo al seguro según suba a mi casa; de camino, le mango unos leotardos. ¡Esta vez si que cae!. Pero cuando vuelvo al estudio y recuerdo mi compromiso, se me cae el mundo encima. Para colmo, en un vaso que caben cuatro dedos de vino me sirvo seis y mancho unos bocetos; mi tensión aumenta. Llegados a este punto, sólo Onán me puede echar una mano; así que la única solución es distraerme viendo alguna web de chicas ligeras de ropa.

No hay red, mi proveedor de internet me informa de una caída del servidor en la zona.

Cómo veo que no voy a conseguir terminar los cuadros a tiempo, opto por la muerte en vez de la humillación. Me voy a suicidar tirándome desde el ventanal del estudio en pelotas, con dos lienzos a modo de alas. Desde un piso doce y cayendo en plena carretera, se acabaron las preocupaciones: ni cuadros ni goteras, ni leches. Ya veo los titulares: “Joachim Giancourt, notable creador, realiza su última obra maestra haciendo el salto del ángel desde su estudio.”

Dicho y hecho .

Preparo el tenderete para saltar por la ventana, y quitándome la ropa, me preparo para una cita con la eternidad

En ese momento oigo un ruido de llaves; es mi chica que entra por la puerta, y lo que ve le deja alucinada: un tío en calzoncillos, con lienzos en los brazos como si fuera Ícaro, el vino derramado sobre la mesa, la ropa diseminada por toda la estancia, unos pantis extendidos en el suelo formando una "V", y en la pantalla del ordenador, que ya tiene red, unas chicas con una ropa interior casi invisible, en imposibles posturas.

- ¡Joder, qué happening más guapo te has montado!. Espera que te hago unas fotos.